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Las cinco consecuencias más graves de no cambiar el aceite

El mantenimiento del vehículo incluye, entre sus puntos importantes, la sustitución del lubricante. Una tarea imprescindible para la fiabilidad del motor.

cambiar aceite

La varilla del aceite es el testigo que nos puede evitar graves problemas.

Revisar el nivel de aceite es una de las tareas de mantenimiento fundamentales para cualquier conductor, y debe hacerse también cuando el coche ha estado parado durante unas semanas para evitar sorpresas desagradables al ponerse de nuevo al volante. Y si se han cumplido los kilómetros establecidos por el fabricante desde el último cambio, hay que acudir al taller para renovar el lubricante. Olvidarse de hacerlo puede suponer una avería costosa e incluso, en los casos más graves, un deterioro tal en el motor que acabe con el vehículo en el desguace. Estas son las claves para entender la situación.

La función del aceite

Este elemento resulta esencial para el funcionamiento del motor. Su misión es lubricarlo y protegerlo, para lo cual crea una película entre las partes móviles que disminuye el desgaste causado por la fricción. También consigue que la temperatura de todo el bloque sea más baja.

¿Qué pasa si nos olvidamos de él?

Sin entrar todavía en detalles, la consecuencia general de un lubricante en mal estado es que las partes metálicas del motor se desgastan mucho más. Además, la suciedad se va acumulando en el filtro y este termina por taponarse.

Lo más grave, en todo caso, es un aumento desmedido de la temperatura, que puede dañar gravemente el motor.

Una revisión periódica

No se trata de ir al taller, sino de sacar la varilla y comprobar que el nivel del aceite es el adecuado. Si ves que está bajando más de la cuenta, rellénalo porque las consecuencias de un motor sin aceite son aún más catastróficas que las que ocasiona un aceite viejo. Y si el coche hace miles de kilómetros y el nivel no disminuye, preocúpate también: seguramente esté entrando gasolina al depósito del aceite.

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Un motor con 135.000 kilómetros al que nunca se le había cambiado el aceite.

¿Y cuándo cambiarlo?

Esto ya depende de lo que indique el fabricante. En el manual del usuario del vehículo se refleja el número de kilómetros máximos que podemos recorrer con el mismo aceite. La horquilla es amplia dependiendo de los casos: entre 5.000 y 30.000 kilómetros. No tienes que ser exacto al milímetro, pero nunca te excedas más de 5.000 kilómetros. También puedes guiarte por meses, entre tres y 24. Porque en un coche parado el aceite se estropea por culpa de la oxidación.

Por cierto, es imprescindible cambiar el lubricante junto con el filtro: en caso contrario, la operación no sirve de nada y, de hecho, causa muchos problemas.

No vale cualquier aceite

Una vez más, manda el fabricante. Los más usados actualmente son los multigrado, indicados con un código que marca la viscosidad tanto en invierno como en verano: 5W30 o 15W40, por ejemplo. Si necesitamos rellenar el aceite, no es imprescindible (aunque sí aconsejable) usar la misma marca, pero nunca debemos mezclar viscosidades. Si lo hacemos, el aceite recomendado por el fabricante pierde sus propiedades y no lubrica como debe.

Hábitos de conducción

La vida de los lubricantes no depende solo del tiempo y de los kilómetros. También influye el uso del vehículo. Los trayectos cortos obligan a cambiar el aceite más a menudo, y lo mismo ocurre si te mueves por lugares con temperaturas extremas. Y si tu coche tiene más de diez años, presta más atención.

Cinco consecuencias concretas

Las cinco averías más graves que podemos provocar si no respetamos los cambios de aceite y filtro son las siguientes, según la experiencia de los especialistas de Tallerator:

  • Desgaste prematuro del motor
  • Ruidos provocados por falta de lubricación del motor: ruidos metálicos, de los taqués y de otras partes metálicas.
  • Roturas de casquillos de biela, que necesitan el aceite para disminuir al máximo su rozamiento.
  • También, y es un poco más grave, se pueden producir arqueos de levas.
  • Y en el peor de los casos, el gripado (rotura) del motor. Esto significa que las partes metálicas rozan tanto que terminan gripándose y no permiten el movimiento.

Averías que no son cosa de broma, pues su reparación oscila entre los 1.000 y los 4.000 euros. En los vehículos diésel hay que tener más precaución incluso. En este caso, estos despistes afectan además a los filtros de partículas y a los catalizadores.

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