Las pegatinas llevan años formando parte del paisaje urbano. Aparecen en señales, postes o semáforos y muchas veces pasan desapercibidas para conductores y peatones.
Lo que parece un gesto sin importancia empieza ahora a convertirse en motivo de sanción en varios países europeos. Las autoridades consideran que algunas alteraciones pueden afectar directamente a la seguridad vial.
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Una pegatina puede acabar en sanción
En países del norte de Europa, donde esta práctica se había normalizado especialmente entre seguidores de clubes deportivos, las autoridades han empezado a endurecer el control sobre estas acciones.
En Suecia, por ejemplo, la legislación contempla multas para quienes alteren o manipulen señales de tráfico mediante adhesivos u otros elementos. La razón no es únicamente estética. Las autoridades consideran que cualquier modificación puede afectar a la visibilidad, generar distracciones o alterar la interpretación correcta de una indicación vial.
La preocupación aumenta especialmente cuando las pegatinas cubren parcialmente símbolos, flechas o limitaciones de velocidad. En determinados casos, además, se han detectado señales desplazadas o manipuladas deliberadamente, una conducta que puede tener consecuencias mucho más graves si termina provocando una situación de riesgo.
Lo que dice la normativa española
En España, aunque no existe una campaña específica contra las pegatinas en señales, la regulación sí contempla sanciones muy contundentes cuando se modifica el contenido o la eficacia de una señal de tráfico. El Reglamento General de Circulación recoge distintos supuestos relacionados con la alteración de elementos viales.
Modificar una señal de forma que pueda reducir su visibilidad o eficacia puede acarrear multas de hasta 3.000 euros. La misma cuantía se contempla cuando la modificación puede inducir confusión al resto de usuarios de la vía.
Dónde se coloca
Los expertos en seguridad vial diferencian entre un adhesivo colocado en una señal informativa de montaña y otro situado sobre una prohibición o una indicación obligatoria. Ahí es donde entra en juego el criterio de las autoridades y el posible impacto sobre el resto de usuarios de la vía.
Una pegatina sobre una señal turística difícilmente tendrá consecuencias relevantes. Sin embargo, si afecta a un límite de velocidad, una dirección obligatoria o una restricción de acceso, la interpretación cambia completamente. El riesgo aparece cuando la señal pierde eficacia o induce a confusión.
Las administraciones europeas empiezan a considerar que estas alteraciones no son simples actos vandálicos menores, sino conductas que pueden influir directamente en la circulación. Por eso algunas policías de tráfico han comenzado a incrementar la vigilancia sobre este tipo de comportamientos.
El riesgo no está solo en tapar la señal
Los expertos explican que las señales están diseñadas siguiendo criterios homologados de tamaño, color, reflectancia y contraste. Todo está pensado para que puedan reconocerse rápidamente incluso a gran velocidad.
Cuando parte del contenido queda cubierto, el conductor necesita más tiempo para interpretar la información. Esa diferencia puede resultar mínima en ciudad, pero adquiere importancia en carreteras secundarias o autopistas.
La situación es todavía más delicada cuando se modifican señales temporales, indicaciones de obras o direcciones obligatorias. En algunos países europeos ya se han investigado accidentes donde existían alteraciones en la señalización.
También preocupa otra práctica frecuente: girar señales como broma o cambiar ligeramente su orientación. Un simple desplazamiento puede generar confusión y provocar maniobras peligrosas en determinados cruces.
Más habitual de lo que parece
Basta recorrer algunas ciudades españolas o carreteras secundarias para comprobar que muchas señales acumulan adhesivos, grafitis o marcas de todo tipo. Es especialmente frecuente en zonas próximas a estadios, áreas universitarias o puertos de montaña frecuentados por motoristas y ciclistas.
En algunos casos aparecen pegatinas de equipos de fútbol, marcas comerciales o mensajes reivindicativos. La mayoría permanecen durante meses porque su retirada requiere mantenimiento específico y supone un coste añadido para las administraciones responsables de la vía.
El problema llega cuando la acumulación termina ocultando parte de la información original. Ahí es donde puede producirse una pérdida de visibilidad que, en determinadas circunstancias, altera la lectura rápida que necesita cualquier conductor al circular.
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Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo.
