Hay momentos al volante que parecen una pausa, aunque en realidad no lo sean. Miles de conductores aprovechan cada detención para hacer algo que tenían pendiente desde hace unos segundos.
Ese pequeño margen de tiempo suele interpretarse como una oportunidad para distraerse. Sin embargo, determinadas acciones pueden acarrear sanciones o aumentar el riesgo de sufrir un incidente en plena circulación.
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El error de pensar que el coche está ‘parado’
Cuando un vehículo se detiene ante un semáforo, un paso regulado o una retención, muchos automovilistas sienten que la conducción queda temporalmente suspendida. Esa percepción provoca que aparezcan comportamientos que no se producirían con el coche en movimiento.
La realidad es muy distinta. Mientras el vehículo siga formando parte del tráfico, el conductor debe mantener la misma atención que durante el resto del trayecto. De hecho, numerosos alcances se producen precisamente en los instantes en los que la circulación vuelve a arrancar.
Por ese motivo, las autoridades de tráfico insisten en que una detención momentánea no equivale a un estacionamiento. La diferencia es fundamental porque determina qué acciones son admisibles y cuáles pueden derivar en una denuncia.

Consultar el móvil, la conducta más perseguida
Pocas escenas son tan habituales como la de un conductor que aprovecha el semáforo para mirar la pantalla del móvil. Leer una notificación, responder un mensaje o revisar una aplicación parece algo rápido, pero supone una de las principales fuentes de distracción.
Manipular el móvil durante una detención en la vía continúa siendo una infracción. La razón es sencilla: el conductor sigue integrado en la circulación y debe estar preparado para reaccionar de inmediato cuando cambien las condiciones del tráfico.
Incluso acciones que duran apenas unos segundos pueden provocar retrasos en la respuesta, despistes o movimientos inesperados que afectan a otros usuarios de la carretera.

Maquillarse también puede tener consecuencias
No es extraño ver a conductores aprovechando la espera para retocarse el maquillaje antes de llegar al trabajo o a una reunión. Lo que parece una tarea rápida exige desviar la vista y la atención hacia otro punto distinto de la vía.
Aplicarse productos cosméticos mientras se está al volante puede interpretarse como una conducta incompatible con la conducción segura. Además, cualquier movimiento brusco del tráfico puede sorprender al conductor en plena maniobra.
Algo parecido ocurre con quienes intentan arreglarse el pelo, colocarse accesorios o realizar cualquier otra acción relacionada con su imagen personal.

Afeitarse
Aunque pueda sonar exagerado, no es una práctica tan extraña. Algunos automovilistas utilizan máquinas eléctricas o maquinillas aprovechando los minutos de una retención especialmente larga.
Más allá de la imagen llamativa, afeitarse supone una distracción evidente, ya que obliga a utilizar una o ambas manos y a centrar la atención en el espejo.
Comer o beber tampoco está exento de riesgos
Tomar un café, abrir un refresco o terminar un desayuno apresurado son hábitos frecuentes durante los desplazamientos urbanos. El problema aparece cuando estas acciones coinciden con situaciones que exigen reacción inmediata.
Sujetar alimentos o bebidas reduce la capacidad de maniobra y puede provocar movimientos involuntarios. Un derrame, por ejemplo, puede generar una pérdida momentánea de atención justo cuando el tráfico vuelve a ponerse en marcha.

Programar el navegador en plena espera
Muchos conductores creen que ajustar una ruta durante un semáforo es una práctica inocente. Sin embargo, modificar destinos, buscar direcciones o cambiar configuraciones implica apartar la vista de la carretera.
Las pantallas y sistemas multimedia también generan distracciones importantes. Unos pocos segundos observando menús o mapas pueden ser suficientes para perder información relevante del entorno.
La situación resulta especialmente delicada en cruces con gran densidad de tráfico o presencia de peatones.

Buscar objetos en la guantera
Otra costumbre habitual consiste en aprovechar una detención para localizar documentación, coger unas gafas de sol o buscar cualquier objeto dentro del habitáculo.
Aunque parezca una acción menor, inclinarse o rebuscar en compartimentos reduce la vigilancia sobre lo que ocurre alrededor del vehículo.
Además, existe el riesgo de que el conductor no perciba el reinicio de la circulación o reaccione tarde ante un imprevisto.

Ajustar la ropa o cambiarse de calzado
Algunas personas utilizan esos segundos para quitarse una chaqueta, recolocarse una prenda o incluso cambiar de zapatos antes de llegar a su destino.
Estas maniobras pueden limitar temporalmente los movimientos necesarios para controlar correctamente el vehículo. La libertad de movimientos es un elemento esencial para conducir con seguridad, incluso cuando el coche está detenido.
Un gesto aparentemente inofensivo puede convertirse en un problema si la situación del tráfico cambia de forma repentina.
No todas las distracciones se castigan igual
Las autoridades de tráfico recuerdan que cualquier conducta que reduzca la atención al volante puede acabar teniendo consecuencias. La clave no está tanto en la acción concreta como en el efecto que provoca sobre la conducción.
Por ejemplo, maquillarse, afeitarse, buscar objetos en la guantera o manipular una pantalla pueden ser considerados comportamientos incompatibles con la obligación de mantener el control del vehículo. Si un agente aprecia que esas acciones afectan a la seguridad vial, el conductor puede enfrentarse a una sanción económica.
Además, el teléfono móvil cuenta con un régimen sancionador específico. Manipular el dispositivo mientras se conduce supone la pérdida de tres puntos, mientras que llevarlo sujeto con la mano eleva la sanción hasta los seis puntos, además de la correspondiente multa económica.
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